Javier Soler (Profesor de Educación Física): «El bilingüismo»

«Incluso Feijóo en Galicia se ha comportado como un aprendiz avanzado de nacionalista lingüístico»

Es una enorme riqueza cultural el que en España haya varias lenguas . En la Transición uno de los mayores logros fue la asunción general de que su reconocimiento legal e institucional era un gran paso y parte de la reconciliación. Sin embargo la evolución de esta virtud ha devenido en uno de los peores resultados y una amenaza en vez de una ventaja. Las lenguas vernáculas como instrumento de aculturación de quienes viviendo en los territorios, siendo naturales de esos territorios, no tienen esa lengua como lengua materna. Un arma contra la libertad y la igualdad de derechos.

Hoy a nadie se le ocurre que un catalanohablante no pueda estudiar en catalán en su tierra, pero se afirma como natural que un hispanohablante (o castellanohablante) natural de Barcelona no pueda recibir Educacion en español. Es algo cómico si no fuera trágico. En el Plano de la actividad docente además se producen otros graves desequilibrios. Un profesor Vasco puede dedicar dos años, en los que cobra su sueldo íntegro sin dar clase, a aprender y titularse en vascuence batua (el genérico de laboratorio). En Cantabria nos gustaría que se produjera lo mismo en inglés, dedicar dos años con sueldo a aprender la lengua de Shakespeare y poder dar clase en esa lengua.

Se dirá que el Inglés no es lengua vernácula en Cantabria, ese no es el problema académico ni laboral. Los problemas son que en Madrid se ha extendido la enseñanza bilingüe en inglés sin las enormes facilidades de los docentes vascos con el apredizaje del  vascuence pero con un gran resultado práctico, algo parecido necesitaría Cantabria. Y además el docente Vasco acumula puntos con ese vascuence que ha podido aprender con esa generosa beca del Gobierno Vasco para poder dar clase en un Instituto en Cantabria. La desigualdad es enorme, la fortificación que hace el gobierno Vasco de sus docentes deja en escandalosa inferioridad a los demás incluidos los cántabros.

Las soluciones son necesarias y varias. El espíritu de la Transición es el correcto. El respeto a las lenguas periféricas es justo. Lo que no es soportable es transformarlo en una fuente de desigualdades para las familias y para los docentes en español.  La izquierda siempre ha reclamado ser la defensora de la igualdad. Hoy mira para otro lado cuando las desigualdades las generan sus aliados, incluso a veces ensalzan esas desigualdades en un oxímoron que deja perplejo. Y mucha derecha nunca se ha atrevido a defender estas libertades amenazadas como sería su obligación, incluso Feijóo en Galicia se ha comportado como un aprendiz avanzado de nacionalista lingüístico. Alguien debería enarbolar la bandera de la justicia, la libertad y la igualdad en la educación. No hay muchos. Los políticos deberían reflexionar.

Autor: Javier Soler-Espiauba Gallo / Profesor de Educación Física.

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