21/04/2024

nada personal, solo información

El llanto de una ciudad

Una ciudad totalmente desprotegida ante un virus mortal donde todos los que tenían en su poder la información de lo que se venía encima se lavaron las manos como nuestro presidente. No sólo dejaron a la sanidad desprotegida. Dejaron a cada uno de los ciudadanos que tuvieron que morir solos sin una gota de piedad. Si hubieran cerrado a tiempo líneas aéreas, Ferri y el tránsito de carretera, otro gallo cantaría.

Tal vez no hubiera sido necesario ni una mascarilla. Pero una semana antes de la hecatombe Santanderina, Italianos paseaban felices contaminando cada uno de los bares donde dejaban economía. Si es cosa de quedar bien, también pueden decir que pensaron era una película Maden in China sin efectos secundarios, el pueblo igual traga.

Y una vez más es el pueblo quien tiene que cuidar al pueblo. He visto chicos de economía bastante baja matándose para hacer pantallas protectoras, mujeres ancianas tejiendo sin dormir mascarillas. Gente en bicicleta preocupándose de llevar medicamentos o incluso comida a aquellos que no podían ni con su alma. Después de todo esto solo me queda pensar que esta tribu tuvo que cuidarse ella misma ante ese monstruo invisible. Tal vez quede una lección de todo esto, o tal vez volvamos a las mismas. No debemos dejar que nos manipulen. No somos tamagotchis, en sus manos.
Un gran aplauso a los sanitarios… policías… gente que estuvo en primera línea dando todo, hasta su vida.
Que aquellos que fueron sacados por la puerta de atrás en una caja escondida puedan resucitar en cada uno de nosotros luchando por un mundo justo.
No es hora de llorar. Es hora de ir hacia adelante.
Tampoco es el momento de enfrentamientos.
Autora: María del Pilar Fernández
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