El lebaniego José María Pérez ‘Peridis’ supera el coronavirus con Bach en Madrid

Una radiografía le dio la peor de las noticias. Tenía coronavirus y llegó a temer por su vida, pero Peridis no es de los que se rinden fácilmente, peleó durante seis días en un hospital de Madrid y por fin ha arrojado un resultado negativo en el último test que le han practicado. A este viñetista de 78 años  (Cabezón de Liébana, 1941) le quedan muchas historias por contar y lo sigue haciendo tras superar la enfermedad.

–Es obligado comenzar preguntándole por su salud… –Estoy bien. He dado negativo en los últimos análisis y estoy en franca recuperación. Me encuentro con buen ánimo, sigo haciendo la tira y voy a la radio. No hago vida normal, porque ahora nadie la hace en España y además tampoco podría hacerla porque aún estoy débil de fuerzas.

–¿Qué es lo primero que le pasó por la cabeza cuando le dijeron que tenía coronavirus? –Que me podía morir. Hice una reflexión sobre mi vida, sobre lo que había dejado a medias y la papeleta que le podía hacer a la familia. Pensé sobre todo en la familia.

–¿No estuvo tentado de ir a Aguilar a pasar la cuarentena cuando todo empezó y las cosas se pusieron feas en Madrid? –Lo hablamos en casa, pero como las directrices eran permanecer donde estábamos, me parecía un disparate poner en peligro a conciudadanos míos. En una huida del coronavirus desde Madrid, podíamos llevarlo a cuestas a otros sitios y me pareció una irresponsabilidad.

–No todo el mundo ha pensado como usted y varios pueblos se han quejado de la llegada de vecinos a sus segundas residencias… –Yo no puedo juzgar a los demás porque cada uno tiene sus circunstancias, pero nosotros obramos en consecuencia y nos quedamos en Madrid para no repartir el riesgo. Uno no sabe si lleva ‘el bicho’ dentro. Decidimos quedarnos y creo que fue una buena decisión porque encontramos un hospital que nos acogió. Eso sí, a la segunda.

–¿Cómo fue esa acogida ‘a la segunda’? –Primero entré en Urgencias y di negativo, me dieron un tratamiento de choque y volví a casa. No mejoraba, tenía los mismos síntomas y empecé a tener problemas respiratorios, así que fui al hospital donde han nacido mis hijos y tuve la suerte de que me hicieron una radiografía. Al ver cómo me encontraba, me ingresaron y estuve seis días allí.

–Algunos de los pacientes que han pasado por el hospital señalan que lo que peor llevaron durante el ingreso fue la soledad. ¿Cómo vivió usted ese aislamiento obligado? –Cada uno lo lleva de una manera. Yo tengo un bar debajo de casa que abre a las seis de la mañana y cierra a las dos de la madrugada todos los días. Eso me impide tener silencio y soledad en mi vida y encima, después de esto, perdí la salud. Así que de repente me encontré que en el hospital me estaban devolviendo la salud, que la soledad era muy interesante para reflexionar y que el silencio me permitía disfrutar plenamente de Bach, que me ha acompañado durante casi todo el tiempo. Bach es un tipo que no te dice una palabra, pero te pone la música que necesitas en cada momento. Yo le decía: Juan Sebastián, ponme las Partitas y él me las ponía, luego le decía que quería una cantata y traía a los músicos. Estaba encantado con él.

–¿Y con los sanitarios también estaba encantado? ¿Cómo fue su relación con ellos? –El personal de los hospitales es fantástico. Yo lo he vivido y aunque venían con prisa, casi al galope, me daba tiempo a hablar un poco con ellos, saber de dónde eran y agradecerles lo que estaban haciendo por mí porque estaban poniendo en riesgo su salud mientras me cuidaban.

–¿Aplaude ahora más fuerte a las ocho de la tarde? –Procuro administrar mis fuerzas, pero sí. Lo hago con verdadero cariño porque sé lo que se juegan, el riesgo que corren, lo duro que es cuidar a enfermos que les pueden contagiar. Su trabajo es durísimo.

–¿Llegó a ver el colapso de la sanidad en Madrid? –Un poco. El día que fue a Urgencias viví un nerviosismo y una tensión considerables. Es muy angustioso para la gente ver que no le pueden atender.

–¿Toda esta situación ha convertido el humor gráfico en un bien de primera necesidad? –Creo que no tiene más importancia que otras cosas. Actualmente, lo que realmente es un bien de primera necesidad es la buena información. Hoy he estado escuchando a un médico que decía que los tratamientos están cambiando a medida que se conoce la enfermedad y por eso recomendaba retrasar todo lo posible el contagio porque cada vez habrá más conocimiento para tratar la enfermedad. Saber estas cosas son informaciones de primera necesidad.

–Algunos políticos están aprovechando la pandemia para atacarse de la forma más vil. ¿Es momento de atacar a los políticos por estas actitudes? –A mí me parece que no es muy noble servirse del sufrimiento para lanzar infectados y muertos a la mesa del contrincante. Es un momento de más reflexión y solidaridad. Cualquiera que hubiera estado ahí tendría una papeleta enorme porque las decisiones eran entre Málaga y Malagón.

–Usted siempre ha llevado el optimismo por bandera. ¿De todo esto se puede sacar un lado un bueno? –Es fundamental la actitud. Si pensamos como pueblo que de esta salimos, saldremos. Si creemos que no hay solución y que los políticos no valen, nos costará más. De todo se sale, salvo de las catástrofes definitivas. Las instituciones, sobre todo Europa, se tienen que poner las pilas. La salida es la solidaridad y no hay otra. Los que tengan que pagar impuestos los tienen que pagar religiosamente, aunque blasfemen, y los que tengan pedir subvenciones tendrán que ser honestos. Ha llegado el momento de la honestidad personal y social. Los políticos tienen que ser honestos y mirar a lo principal, que es procurar el bienestar de los ciudadanos y no el malestar del que gobierna o de la oposición. Hay momentos en los que hay que ser generoso, pero antes de la generosidad debe estar la honestidad.

Fuente: elnortedecastilla.es

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