Distancia y respeto social

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Hasta ahora estudiábamos la privacidad, la territorialidad o la distancia interpersonal desde la psicología, la antropología, la política o la sociología como elementos que nos permiten relacionarnos. Ese control selectivo que hacemos de las interacciones sociales, de repente, se ha visto alterado por la imposición del confinamiento por el bien común.

El profesor de derecho público y gobierno Alan Furman Westin y el psicólgo Darhl  M. Pedersen son capaces de establecer las dimensiones de esa privacidad social y soledad, aislamiento, anonimato, o intimidad pueden definirse como algo común entre las personas. Y además podríamos hasta establecer códigos de comportamiento personal y grupal. Con estas premisas entenderemos mejor la territorialidad como la regulación de la organización social y la protección.

Este confinamiento nos hace reflexionar sobre nuestros espacios personales y sociales, y sobre todo en la poca o mucha necesidad de los demás. De forma natural, sin ser conscientes de ello, mantenemos unas distancias u otras con las personas con las que hablamos o compartimos espacios. De hecho, no mantenemos la misma distancia con alguien conocido que con un desconocido. Según el tipo de conversación también mantenemos unas distancias u otras. Según la distancia a la que estamos expresamos unas cosas u otras. Cuanta mas cercanía los sentimientos son mas intensos y la voz pierde protagonismo en favor de la vista. Cuanta mas lejanía los gestos y las palabras adquieren mayor importancia.

Todos tenemos unas distancias determinadas en función de lo que expresamos o lo que aceptamos expresen los demás. Y todo ello tiene un complejo componente cultural, que tiene mucho que ver con los procesos de socialización.

El antropólogo estadounidense Edward Hall denominó proxemia al estudio científico del espacio como un medio de comunicación interpersonal, y el psicólogo ambiental Robert Sommer definió el espacio personal como un área con “límites invisibles” que rodea a la persona. Ambos nos plantean reflexionar sobre como diseñamos los espacios donde vivimos precisamente para ser mas comunicativos y felices.

Y todo esto para decir que las mascarillas son elementos de respeto social, no evitan nuestro contagio pero limitan que podamos contagiar. Es complicado no contagiarse salvo que nos aislemos por completo, pero sí podemos evitar, en la medida de lo posible, ser contagiadores. Este cambio de mentalidad, de no ser contagiado a preocuparme por no contagiar, es parte del nuevo modelo de relación social.

Pensar en los demás es pensar en nosotros. En este simple principio ha de basarse el nuevo modelo de la nueva realidad.

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