“Del miedo a la libertad, al miedo a la verdad. Youtube contra un libro y la libertad de prensa”

Federico Villamil (escritor): “Del miedo a la libertad, al miedo a la verdad. Youtube contra un libro y la libertad de prensa” (miedoalalibertad.com)

George Orvell en su novela 1984 escribió, “la libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quieren escuchar”.

No elegí por casualidad publicar el libro COVID 19, Miedo a la Libertad bajo el pseudónimo Goldstein, el enemigo del sistema en la novela 1984, que había pertenecido al “partido interior”.

Si algo teme el Poder es a aquello que puede despertar la conciencia de las masas y el libro se titula “Miedo a la Libertad” por una buena razón. El filósofo alemán Erich Fromm bajo ese título, describió muy detalladamente el proceso por el que una gran parte de la población está dispuesta a ceder su libertad individual para evitar la angustia y el esfuerzo de tomar sus propias decisiones y asumir las responsabilidades que ello conlleva. Un proceso que vimos en los regímenes totalitarios del siglo XX, y que está volviendo a suceder con fuerza de la mano de esta pandemia desenfocada.

Durante más de un año han podido dominar la opinión pública, no censurando, sino ridiculizando a los discrepantes. A Poder, no le preocupan las fake new, de hecho las alienta y expande, al objeto de sembrar incertidumbre y desenfocar la información no oficial deslegitimando todo aquello que difiera de su versión oficial, cualquiera que esta sea en cada momento.

Sin embargo, cuando surge algo que no puede ser ridiculizado ni desmentido, se convierte en una amenaza. No hay nada más peligroso que la verdad, y por ello parece que un humilde libro autoeditado sin apoyo de nadie se convierte en el enemigo público del sistema al punto de que una toda poderosa red social censure el video de entrevista de un medio de comunicación, aunque sea de alcance regional.

Ello no sólo es un ataque a la libertad de expresión, sino también a la libertad de prensa, dado que una red social se atreve a cuestionar, censurar, un contenido informativo.

Y todo ello bajo el criterio de que “En YouTube no se permiten las afirmaciones sobre vacunas del Covid 19 que contradigan la opinión de consenso entre los expertos de las autoridades locales o de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”

Lo cual merece algunos comentarios.

1º ¿Quién determina ese consenso?. En España ni siquiera hay un comité de expertos digno de ese nombre.

2º ¿Son los mismos expertos que con sus continuas decisiones equivocadas han agravado las consecuencias de la pandemia, creando las condiciones para generar una necesidad social de vacunarse a toda costa?.

¿Son los mismos expertos que han negado y ocultado los beneficios de la vitamina D como prevención y del calcifediol como tratamiento durante meses, dejando morir cientos de miles, o millones de personas en el mundo?. Ahora sabemos, no gracias al apoyo de la OMS que el calcifediol puede evitar hasta el 75% de las muertes.

4º Estos expertos son los mismos que mienten a los ciudadanos asegurando que las vacunas no tendrán ningún efecto a largo plazo, cuando es imposible determinarlo. ¿Cómo pueden asegurar que no puede haber ningún riesgo a largo plazo si ni siquiera son capaces aun de asegura si impiden el contagio?

5º Vacunando a todo el mundo, aun cuando no hay riesgo objetivo, ¿acaso no se busca que no haya un grupo de control que permita a largo plazo determinar posibles consecuencias de las vacunas?

En que totalitarismo vivimos que no se puede discrepar siquiera parcialmente de la opinión oficial.

Evidentemente es una excusa. La realidad es que lo que hace daño no es la posición prudente sobre las vacunas, sino el repaso a las negligencias generalizadas en la gestión de la pandemia que pone en evidencia el libro, algo que Poder regional y el populista demagogo que lo lidera, como policía del pensamiento de proximidad, no pueden consentir llegue a la sociedad para que pueda en el futuro exigir responsabilidades en lugar de limosna.

“La libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quieren escuchar”. Solo en las dictadura se establece la verdad inmutable e indiscutible desde la superestructura social y se obliga a la sociedad a acatarla sin posibilidad de discusión, incluso persiguiendo, censurando y castigando a los discrepantes. Un Gobierno que se permite e incluso usa los medios a su alcance para silenciar la discrepancia, no es democrático. Sin libertad de conciencia o de opinión no hay legitimidad democrática ni por tanto derecho para exigir a la sociedad que se respete su autoridad. Se convierte de facto el gobernante en un tirano.

En un tiempo de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario.

Autor: Federico Villamil.

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