Bulos y mentiras

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Releyendo a San Agustín la mentira es combinación de intención y consecuencia. Aun creyendo que toda mentira era pecado, si reconocía que algunas se perdonaban con mas facilidad. Pero es Santo Tomás quien distingue las mentiras en tres categorías, que son muy actuales: la jocosa, la oficiosa y la perniciosa.

La primera, la mentira jocosa, solo tiene la intención de recrear, de engañar, de hacer reír a costa de otro sin entraren el daño que harán los terceros de la mentira. La segunda, la oficiosa, tiene la intención de salvaguardar nuestros bienes o alabarnos sin dañar a nadie. Y la tercera, la perniciosa, la que es inútil para todos pero muy nociva para algunos, porque se aprovecha de unos para dañar a otros.

En estas aguas turbulentas nadan los bulos. Que por llamarles así pierden su categoría de mentira, pero no su intención ni su consecuencia. Por ello me parece interesante dar algunas claves que nos ayudaran a descubrir antes los bulos que, en muchas ocasiones nos utilizan para propagarse.

Los bulos tratan de durar el mayor tiempo posible en la red por lo que suele redactarse sin fecha. Para evitar repercusiones legales suelen además no citar las fuentes o, al menos fuentes reconocidas y creíbles.

La viralidad de los bulos se basa en la emotividad del mensaje, por ello los que provocan miedo, morbo, enfrentamiento, envidia o defensa de aquellos mas débiles o que opinan como nosotros, son mas contundentes.

Las intenciones de los bulos son las mismas que las de las mentiras, Santo Tomás sigue estando actual. Pero si además el bulo incluye la necesidad de alertar a cuanta mas gente posible, nos encontramos con el objetivo oculto de establecer cibercadenas o captación de IP para crear bases de datos y posteriormente ser utilizadas de mil formas distintas.

La red como la vida real. Si en la vida real tenemos cuidado, en la red estemos también atentos.

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