Nueva marcha a las obras del polígono eólico El Escudo, para seguir visibilizando y denunciando el ecocidio
El domingo 25 de enero, medio centenar personas volvieron a desplazarse hasta las obras del Polígono Eólico El Escudo para señalar nuevamente el atentado que están suponiendo estas infraestructuras sobre el territorio y recordar los efectos del Plan Regional de Organización Territorial (PROT), que supone una declaración de intenciones donde una parte de Cantabria será víctima de macroproyectos energéticos en forma de eólicos (Campoo-Los Valles, Iguña y Soba) y que sostiene esa división de la región que se lleva señalando y denunciando desde hace años, donde un Sur con menos densidad poblacional servirá de negocio energético frente a un Norte que será sobreexplotado turísticamente.
Esta convocatoria se ha sumado al llamamiento internacional a la acción en el aniversario del asesinato, por parte de varios policías, del activista ambiental conocido como “Tortuguita”, en el bosque Weelaunee, al sureste de Atlanta, en Estados Unidos, bajo el lema “luchar es recordar”, en recuerdo de todas las personas asesinadas en defensa del territorio.
En esta ocasión la marcha se realizó desde la Braña de San Martín —Concejo de San Martín de Quevedo—, perteneciente al municipio de Molledo. En un breve recorrido se pudieron ver las obras en su estado actual: los gigantescos eólicos, las torres y las subestaciones eléctricas. Se accedió a la zona desde el embalse de Alsa, donde a nadie dejó indiferente el impacto sobre el terreno de las pistas construidas para acceder a la zona de montes comunales donde se perpetra el polígono eólico. Un destrozo que supone la acumulación de grava, hormigón, movimiento de tierras y eliminación de especies vegetales de la zona.
Una vez arriba, las asistentes emprendieron una pequeña marcha hacia el primer aerogenerador. Al inicio, varios rollos de cables que se emplearán en las obras de cableado subterráneo entre aerogeneradores, que implican un levantamiento más de tierras con sus consecuencias sobre los suelos de la zona. Coronando la cima, el primer eólico mirando hacia la costa y, abajo, la subestación eléctrica, siguiendo el contorno de la cima, el resto de eólicos, pistas de grava, vehículos y toda la infraestructura necesaria para el remate final de estos gigantes que se han puesto en pie a pesar de las alegaciones, las denuncias y las pruebas de degradación de la zona a nivel medio ambiental, económico y humano.
Pese a las irregularidades que está cometiendo Biocantaber y, a pesar de ser denunciados a la Dirección General Montes, e incumplir el proyecto como incluso el Ayuntamiento de Molledo denuncia, no se ha decretado la paralización de las obras, como obligaría un mínimo principio de prudencia, sino que la empresa sigue negociando con el ayuntamiento nuevas actuaciones que no figuran en el plan aprobado.
Desde los Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio insisten en que a pesar de todo seguirán denunciando y señalando estas situaciones, no sólo del polígono eólico El Escudo sino del resto de proyectos que atentan contra el territorio. Apuntan a que “ante el destrozo medioambiental, los impactos sobre el paisaje, la pérdida de patrimonio histórico o los efectos sobre los pueblos, no debemos caer en la indiferencia a la que nos quieren empujar”. Por todo ello, reivindican una vez más la necesidad de adoptar un papel activo de la población ante todo lo que está en juego para tratar de poner freno a estos “ecocidios”, los cuales describen como “un expolio del territorio y un derroche de dinero público para alimentar un entramado lucrativo en el que las distintas administraciones públicas colaboran de manera cómplice con empresas energéticas como Iberdrola o Red Eléctrica de España, constructoras como Biocantaber, así como entidades bancarias como el Banco Santander o grandes fondos de inversión como BlackRock”.