«La mecha ha prendido del todo con la fallida negociación de los Presupuestos» / EL CORREO, SÁBADO 10 DE ENERO 2026
«¿Si hay ‘revilladependencia»? Hombre, en la medida en que soy el fundador, pues claro, algo sí que hay». Así de claro contestaba Miguel Ángel Revilla en una entrevista con este periódico en marzo de 2023, dos meses antes de que su derrota electoral y su avanzada edad -80 años por aquel entonces, 82 hoy en día- activaran definitivamente una histórica sucesión al frente del Partido Regionalista de Cantabria (PRC). Una operación que se ha sustanciado este 2025 con la elección de la que será candidata en 2027, Paula Fernández, y que ha constatado lo que el carismático líder venía a decir: sin él, no será igual.
La formación cántabra, que con Revilla llegó a presidir la comunidad durante 16 años (2003- 2011 y 2015-2023), atraviesa un momento delicado. En 2019 alcanzó su techo al ganar por primera vez las elecciones autonómicas y ostentar un inédito poder municipal (44 de las 102 alcaldías), a lo que se sumó su debut en el Congreso con un diputado. Pero en 2023 sufrió un durísimo revés: perdió toda opción de gobernar tras dejarse casi la mitad de los votos, vio menguada su representación en los ayuntamientos y acabó por renunciar a presentarse de nuevo a las generales.
Ante una legislatura de transición en la que el partido debería recomponerse y decidir su futuro sin él, Revilla abogó por mover ficha y que el PRC se abstuviera en la investidura de María José Sáenz de Buruaga (PP). Se trataba de una estrategia diseñada para mantener protagonismo y de paso cortar de raíz la creciente influencia de Vox en el Parlamento de Cantabria. El gesto no se quedó ahí y tuvo su extensión con el apoyo a los Presupuestos autonómicos de 2024 y 2025, que se cerraron entre los propios Buruaga y Revilla de una manera inusitadamente rápida y sin apenas dificultades.
Esa estabilidad se ha resquebrajado a lo largo del pasado año por el golpe de timón en el PRC. En mayo se celebraron primarias para elegir candidato de cara a las elecciones de 2027, de manera que tuviera dos años para ir fogueándose y dándose a conocer. La ganadora fue Paula Fernández, amplia conocedora del partido al ser la vicesecretaria de Organización y al haber crecido políticamente a la sombra de Rafael de la Sierra, uno de los padres del regionalismo cántabro e histórico ‘número dos’ de Revilla hasta su fallecimiento en 2019.
La designación de Fernández, con amplio respaldo frente a su rival, fue concebida como un cambio tranquilo dentro de la organización. Pero, lejos de vivir en ese sosiego, el partido se ha abonado a un estado de agitación. La mecha ha prendido del todo con la fallida negociación de los Presupuestos. Con el plácet de la mayoría de la ejecutiva, la nueva líder, partidaria de marcar distancias con el PP, impuso a Buruaga una serie de condiciones irrenunciables para poder sentarse a hablar, entre ellas, mejorar el hospital de Laredo. Los populares dieron esas medidas por «imposibles», así que los regionalistas rechazaron las Cuentas y abocaron a Cantabria a la prórroga presupuestaria.
Inversiones clave en peligro
La ruptura ha soliviantado a una facción del partido encabezada por varios alcaldes fuertes, que ven en riesgo inversiones económicas en sus respectivos municipios con las que contaban en la recta final del mandato y claves en sus aspiraciones para la reelección. A esta especie de rebelión le ha puesto voz el primer edil de Ribamontán al Mar -donde se encuentra Somo, lugar de veraneo de miles de vascos-, quien gobierna el pueblo costero de forma ininterrumpida desde 1979. Paco Asón ha amenazado con abandonar el partido y arrastrar a otra decena de líderes municipales si no se apoyan las Cuentas, algo que por ahora le ha valido la apertura de un expediente disciplinario.
Las diferencias en torno a los Presupuestos han aflorado así una fractura que, si bien no apunta a una escisión traumática sí amenaza con convulsionar al PRC, cada vez con peores expectativas electorales según los sondeos y ante el vértigo de la etapa pos-Revilla. La formación se aferra ahora a su implantación territorial, con 33 alcaldes, 293 concejales y cerca de 8.000 militantes, una cifra nada desdeñable en una comunidad que no llega a los 600.000 habitantes. Valga la comparación con el PNV, partido en el que siempre se ha mirado como referencia, que tiene alrededor de 22.000 afiliados en un campo de acción con casi 3 millones de personas entre Euskadi, Navarra e Iparralde.