José Manuel Abascal: «Mi madre me decía que no corriese, que me entraría anemia»

Entrevista publicada por https://www.diaridetarragona.com/   desde Calafell (Tarragona) con motivo del libro de la editorial Valnera, ‘Del Pas a Los Ángeles, la forja de un campeón’

El atleta afincado en Calafell repasa en un libro su trayectoria que comenzó en los valles cántabros.     Aquella madrugada de 11 de agosto de 1984 millones de televisiones de toda España estaban encendidas. En el tartán del Los Angeles Memorial Coliseum el atleta José Manuel Abascal iba a disputar la final de su prueba estrella. Los 1.500 metros, publica el periódico catalán https://www.diaridetarragona.com/

Pero en los otros carriles locomotoras británicas como Sebastian Coe, Steve Cram y Steve Ovett, además del estadouniense Steve Scott hacían que plantear una medalla fuese una hazaña. Abascal penso: «Abas, con lo que ha costado llegar hasta aquí, has de darlo todo».   Pistoletazo de salida y comenzó la carrera. El entrenador Gregorio Rojo dijo a Abascal: «vaya como vaya la carrera tienes que tirar a muerte a falta de 500 o 600 metros». Llegó a esa distancia. Había que echar el resto.   Dicen que hay momentos en los que toda la vida pasa por delante. Aquellos prados y montañas cántabras del Pas para llevar las vacas e ir a buscar leche o al colegio.

Aquel colegio de los Salesianos de Zaragoza donde empezó a jugar al fúbol. El viaje al centro rendimiento, las bolsas robadas que ayudó a recuperar la Guardia Civil paralizando la circulación de trenes de media España.

Zapatillas intercambiadas

Aquellas zapatillas intercambiadas con otros compañeros porque no había para más. Los lloros de la primera noche en el centro de alto rendimiento Joaquin Blume de Esplugues de Lobrebregat…   Todo eso pasó por la mente del atleta a escasas milésimas de una línea de meta. Y 3 minutos, 34 segundos y 30 centésimas después de aquel pistoletazo Abascal cruzaba la línea de meta. Medalla de bronce. La primera del atletismo español en pista y que dio paso a una leyenda.    Hasta entonces habían sido años de entrenamientos, sufrimiento y disciplina. «Los ingredientes necesarios», explica Abascal. «Y humildad». añade. «Hay que dejarse la vida en el entrenamiento y la competición. No hay otro camino».

El padre de Abascal marchó a Holanda a buscar un futuro mejor

José Manuel Abascal recuerda esa trayectoria en el libroDel Pas a Los Ángeles, la forja de un campeón (Editorial Valnera). En el trabajo recopila sus inicios y como el esfuerzo le llevó a ser uno de los mejores atletas españoles de todos los tiempos. El trabajo incluye QR de sus principales carreras y documentales.   Originario de los valles pasiegos cántabros y de padres trashumantes con vacas y ovejas y con varias cabañas distribuidas en el monte.   «De pequeño mi madre me llevaba en el cuévano (cesto de carga para llevar a la espalda)». Luego ya corría por las montañas, «ayudaba llevar la leche hasta la carretera, a buscar leña, agua… y a la escuela que quedaba a tres kilómetros muchas veces… En el Pas era un no parar».   Dicen que la vida concatena eslabones hacia un destino. El padre de Abascal, como tantos miles fue a buscar en Holanda un mejor futuro que las vacas y las ovejas. En el Pas quedó la madre con cuatro hijos y 30 vacas. Abascal tenía siete años.  Dos años después la madre y dos hermanas también se fueron a Holanda y los pequeños fueron con una tía a Zaragoza «que tenía una explotación de vacas!!!». A las 6.30 Abascal ayudaba y repartía la leche para después, con un bocadillo, ir al colegio de los Salesianos.

El fútbol

Allí el fútbol y el balonmano eran los deportes principales y a Abascal le dio por el fútbol. Sus carreras levantaron el interés del profesor de tecnología, Genaro Bujeda. «Un día me dijo que le faltaba un chaval para una carrera para una competición de colegios de Zaragoza y que fuese. Le dije que no había corrido nunca, pero en la asignatura de tecnología iba muy justo».   Con una botas rotas y pantalón corto en uno de esos eneros de Zaragoza. «Me dejaron una camiseta y una chaquetita». Era una prueba de 3.000 metros. «A los 500 de la meta apreté y gané. Al día siguiente no podía ni bajar la escalera».

El profesor Genaro se animó. Pensó que tenía un diamante entre manos. Una carrera tras otra, Abascal logró ser campeón de Aragón escolar. Con aquellas botas rotas. Todavía conserva en su museo aquella primera copa «que de alguna manera me emociona más que la medalla olímpica» y que es pieza destacada en su museo.   La aventura del atletismo fue a más. El profesor insistía. «Vente a la pista un día». Entonces entre los chavales había zapatillas calientes. Se las dejaban unos a otros para competir.

La invitación de la Federación, a La Toja

Otro punto de inflexión fue al ser invitado por la Federación a un concentración escolar a La Toja. De todo Aragón hubo dos escogidos. Abascal quedó segundo en las pruebas. «Entonces me ofrecieron ir a un Centro de Alto Rendimiento. Yo pensé que quedaría en nada y que mis padres no lo entenderían».   Pero llegó una carta de la Federación a casa de los Abascal. Coincidió con el regreso del padre desde Holanda. «Mi madre me decía que no corriese tanto, que me iba a entrar anemia, que no podía ser bueno. Mi padre me decía que no hiciera el tocho y que hiciera algo de provecho».

Pero volvió a aparecer la figura del profesor. En aquella época una fuerza viva del pueblo como lo era el cura o el alcalde y les hizo ver a los Abascal que aquello era una oportunidad. «Pues si usted lo dice, que vaya».   Con un par de bolsas con una mudas, «ni chándal, ni zapatillas, ni nada». Y 5.000 pesetas «que mételas en el fondo de la bolsa y no las pierdas». Abascal se vio en un tren para ir a Bilbao en tres horas y de allí otro tren hacia Barcelona. Hacia no saber muy claro qué.

Y la Guardia Civil paró los trenes

En un banco de la estación de Bilbao con dos bolsas llenas de incertirumbre, Abascal con 15 años se sentía «muy solo». En aquel banco pidió a una mujer que le guardase un momento las bolsas. Pero al regresar no había ni mujer ni bolsas. Ni las 5.000 pesetas que escondían. «Sólo pensaba en la hostia que me iba a dar mi padre». Porque la opción era regresar a casa. Sin bolsas y sin el sueño.   Un guardia civil vio a aquel niño llorar desesperado y al enterarse de lo sucedido le llevó ante un capitán. Hay veces que la historia se pone del lado de uno. «Llamó a todas comisarías de las estaciones por las que iba a pasar el tren para que se registrasen.    «Las bolsas y la mujer aparecieron en Miranda» y allí enviaron a Abascal, que se negó a denunciar a la mujer. Recuperó las bolsas, el dinero y el sueño del Centro de Alto Rendimiento. «Me dieron un bocadillo y un billete hasta Barcelona».   Llegar al centro de alto rendimiento no fue fácil. Aquella noche cenó un cazo de judías y cuatro huevos duros. «Aquella noche lloré mucho en la habitación», recuerda Abascal. Al día siguiente tocaba revisión médica y conocer al entrenador. «Un entrenador que preparaba a campeones de todos los niveles».    «Intenté romper mis zapatillas para ver si me daban unas nuevas Cuando me las dieron dije… tengo que ir a muerte».

Empezaron las competiciones. Otro conocido atleta, Javier Moracho, especialista en 110 valles regaló a Abascal «unas Adidas!!!». Muchos empezaron a conocerle como ‘el de Cantabria’.   Las victorias se fueron sucediendo. Llegó el FC Barcelona, la Federació Catalana… victorias en el Campeonato de España individual y por equipos, el Campeonato de Europa en Polonia y en Ucrania (entonces Rusia) en 1977, lo récords nacionales y de Europa.

‘Si me entero que los has robado, te doy de hostias’

De regreso de una de esas competiciones, el que fue presidente de la Federación Española de Atletismo, Juan Manuel de Hoz dijo a Abascal que fuese a la sede de la Federación. Allí el presidente exigió que se diese una beca a aquel joven campeón. Retroactiva por un año, pese a no ser absoluto.   De regreso a Cantabria, Abascal entró en casa con unas chocolatinas y unas Matrioskas de regalo. Y 264.000 pesetas de la beca. «Mi padre me dijo que cómo era posible que me diesen ese dinero. Si me entero que lo has robado, te doy de hostias».   Las historias de cuando iba al puerto con un amigo a descargar barcos. Azúcar, madera, café, cemento de cobre que era tóxico.

Y las Olimpiadas. La primera de 1980 en Moscú. donde cayó eliminado en semifinales. «Un campeonato duro, el boicot americano, un férreo control a los atletas…»   El libro desgrana anécdotas. Ser el primer atleta español en lucir propaganda en la camiseta. Aquel fallo que casi supuso un conflicto diplomático cuanto cubrió el logo de Adidas con un adhesivo de una marca de naranjas…   ‘Del Pas a Los Ángeles, la forja de un campeón’ es el relato del esfuerzo y de una carrera que empezó en los valles pasiegos y llegó a una medalla olímpica para después seguir como uno de los atletas más destacados.

Fuente: https://www.diaridetarragona.com/costa/258893/abascal-mi-madre-me-decia-corriese-me-entraria-anemia.html?fbclid=IwY2xjawRnXBdleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeLt3cPDhKko2SQxdRJ1iFK-c0NgEAu4siety6Ch8DtdlGlIWR-IGScWFA8oI_aem_d9Om8CdXZKT34HUkUXUu7w

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