La exposición podrá visitarse del 25 de febrero al 31 de marzo de 2026 en la Sala Juan de la Cosa de la Delegación del Gobierno español en Cantabria (Calle Calvo Sotelo, 25, 39071 – Santander, Cantabria). La entrada es libre
ElInstituto Cultural Rumano de Madrid y el Museo de Arte de Constanza (MACT) organizan, con el apoyo del Consulado Honorario de Rumanía en Santander, bajo los auspicios de la Embajada de Rumanía en el Reino de España, la exposición de arte «El cuerpo femenino entre mito y resistencia en la gráfica rumana del período comunista», que tendrá lugar en la sede principal de la Delegación del Gobierno español en la Comunidad Autónoma de Cantabria.
Las veintitrés obras gráficas que se muestran forman parte del proyecto El Museo en el Depósito
La inauguración de la exposición, que tendrá lugar el 25 de febrero de 2026, contará con la presencia del delegado del Gobierno en Cantabria, Pedro Casares Hontañón; del cónsul honorario de Rumanía en Santander, Sancho Michell; del equipo del Museo de Arte de Constanza, representado por su directora, Lelia Rus-Pîrvan, y de la directora del ICR Madrid, Maria Floarea Pop.
Concepto de la exposición:
<pclass=»msonormal» style=»text-align:justify;text-justify:inter-ideograph»>La exposición investiga uno de los temas recurrentes y profundamente problemáticos de la época comunista: la representación del cuerpo femenino. En el universo visual del comunismo, el cuerpo femenino ocupa un lugar central, pero profundamente ambiguo. La mujer es representada como símbolo del progreso, de la fuerza productiva y del futuro socialista, pero al mismo tiempo es reducida a una función ideológica. En el arte rumano se construye así de manera sistemática el mito de la “super-mujer”: una figura infatigable, siempre joven y sonriente, capaz de trabajar sin esfuerzo, de sostener la economía y de asegurar la continuidad biológica del Estado.
En los carteles y las obras gráficas del período 1958–1965, la mujer aparece perfectamente integrada en el paisaje industrial y agrícola, junto a fábricas, maquinaria o campos cultivados. La feminidad es redefinida en términos de eficiencia, disciplina y sacrificio, perdiendo cualquier vínculo con la intimidad o la vulnerabilidad. Detrás de esta imagen idealizada se esconde, sin embargo, una realidad dolorosa: las mujeres reales soportaban una doble carga, siendo simultáneamente trabajadoras y madres, ciudadanas modelo y pilares de la familia. La emancipación prometida por el discurso oficial se transformaba, en la práctica, en una forma de control adicional sobre el cuerpo y la vida personal.
Selección de obras
La selección de obras de la exposición perfila una tipología recurrente de la mujer trabajadora, presente en escenas de trabajo agrícola e industrial. En obras como Muncitoarele (Las trabajadoras) de Emilia Dumitrescu, Seceriș (La siega) y În zori la lucru (Al trabajo al amanecer) de Iulian Olariu, el cuerpo femenino es captado en plena acción, integrado en un ritmo de producción que parece naturalizado. Los gestos son firmes, repetibles, casi mecánicos, y la individualidad se disuelve en el rol. Asistimos a una verdadera coreografía del trabajo, en la que el cuerpo se convierte en instrumento y el sujeto es absorbido por la función. La misma lógica es visible en obras como Colectivistele (Las colectivistas) de Lucia Cosmescu o Femei la sapă (Mujeres con la azada) de Dimitrie Nicolaide, donde la actividad agrícola adquiere una dimensión moralizante. La disciplina y el sacrificio son elevados al rango de virtud, y el trabajo se convierte en un acto casi heroico.
Super-mujer comunista
El mito de la super-mujer comunista se consolida mediante la acumulación de roles: la mujer no es solo trabajadora, sino también especialista del progreso socialista, como aparece en Laboranta (La laboratorista) de Ana Iliuț. El acceso al espacio público y profesional se presenta como signo de emancipación, pero esta emancipación está condicionada a la aceptación de un único modelo de feminidad: productivo, obediente y permanentemente optimista. El sufrimiento queda completamente excluido de la representación del cuerpo femenino. La mujer comunista no se cansa ni llora; trabaja sin interrupción. Un contrapunto esencial dentro de la exposición lo constituyen las ilustraciones realizadas por Geta Brătescu para Mutter Courage. A través de líneas simples, espacios vacíos y gestos esenciales, Brătescu completa el personaje de la dramaturgia de Brecht, otorgándole una dimensión visual contemplativa que subraya la tensión entre pérdida y protección.
Comisaria: Lelia Rus-Pîrvan, directora general del MACT
Más informacion:
<pclass=»msonormal»>El Museo de Arte de Constanza (MACT) adquirió existencia institucional en 1961; sin embargo, a pesar de esta historia relativamente reciente, se impuso rápidamente como uno de los referentes culturales nacionales más importantes. A través de una política coherente de adquisiciones y de la asunción constante de su misión de conservación, investigación y puesta en valor del arte moderno y contemporáneo, el museo posee un patrimonio significativo, capaz de representar hoy una imagen del arte rumano de los siglos XIX y XX. Un papel esencial en la configuración de este patrimonio lo desempeñó el fondo de gráfica, desarrollado de manera sostenida especialmente durante el período 1962–1989. En el caso de las obras realizadas en grandes tiradas, como las incluidas en la selección de la exposición, correspondía al museo, según una disposición interna del Ministerio de Cultura de la época, el ejemplar número 7 de cada edición adquirida en varios ejemplares. Esta práctica administrativa condujo a la formación de una colección sustancial, que refleja fielmente los temas y los mecanismos ideológicos del arte gráfico de este período.</pclass=»msonormal»></pclass=»msonormal»>