«China ha mostrado apoyo y empatía hacia Irán, enfocándose en el diálogo y la desescalada pacífica del conflicto»
Hasta el año 2026, he estado tratando de la existencia en el mundo de cuatro grandes dilemas geopolíticos cuya solución tendría una influencia fundamental en el nuevo orden mundial que se avecina en este primer tercio del siglo XXI, ya que definitivamente la comunidad internacional estaría regida por un orden sustentado en la aplicación de la fuerza de la razón o gobernado por la razón de la fuerza.
Hasta entonces había identificado cuatro grandes dilemas geopolíticos[1] en el planeta, en los que están implicados superpotencias, grandes potencias y potencias emergentes. El primero de estos grandes dilemas es el Intermarium, un concepto geopolítico que se refiere al istmo que se extiende entre el mar Báltico y el mar Negro, que se manifiesta en una pugna entre la Unión Europea y Rusia. La guerra en Ucrania es una muestra de esta pugna. El segundo se halla en el laberinto bélico de Oriente Medio, donde compiten actores locales, regionales e internacionales. Los actuales conflictos de la región como los últimos cruentos coletazos del fin de guerra de Gaza, la crítica situación del nuevo gobierno sirio, la guerra civil en Yemen o las sangrientas manifestaciones que actualmente asolan Irán son ejemplos de este laberinto
El tercero y el cuarto lo conformaban el Este de Asia y el Indo-Pacífico como dos grandes dilemas independientes. Pero la evolución de la dinámica geopolítica ha llegado a integrar estos dos grandes dilemas en uno solo denominado Indo-Pacifico, es decir, el tercer gran dilema. En este gran dilema geopolítico se incluye tanto la actitud agresiva china por el dominio del Mar de China Meridional (MCM) frente a los intereses de los estados ribereños, la crisis nuclear de Corea del Norte, la cuestión de Taiwán o la rivalidad chino-japonesa, como el foco de tensión en el teatro de la rivalidad chino-estadounidense, acompañada de la intervención de algunos países con fuerte protagonismo en esta región como puede ser India, Japón o Australia.
Pero a principios de este año de 2026, ha aparecido un nuevo dilema geopolítico – antes el quinto -, ahora el cuarto, que ha estado latente, al menos, desde principios de la tercera década de este siglo. Se trata del gran dilema del Ártico, con sus grandes recursos energético-minerales y con sus posibilidades de ser el camino de grandes rutas marítimas estratégicas, al que bautizo como la última frontera geopolítica, en la que se ha iniciado una tensa competencia entre los actores de primer orden del sistema internacional de poder.
Ante el primer gran dilema, el Intermarium, China está apoyando claramente a Rusia en la actual guerra de Ucrania. Aunque oficialmente, la postura china en esta guerra es “imparcial”, lo cierto es que el país de la Gran Muralla importa una gran cantidad de hidrocarburos rusos baratos, suministra semiconductores de alta calidad, cruciales para la producción de equipos militares o apoya el desarrollo tecnológico de manera conjunta como puede ser la asociación de fabricantes de drones chinos y rusos. A este apoyo, es preciso añadir la férrea asociación estratégica chino-rusa para superar la hegemonía estadounidense y occidental.
En relación con el gran dilema de Oriente Medio, la posición de China se caracteriza por una postura prudente y diplomática. China es el mayor comprador de petróleo y gas natural de la región, con el 40% de sus importaciones de crudo pasando por el Estrecho de Ormuz. A diferencia de Estados Unidos que ha mantenido una postura favorable a Israel, China ha mostrado apoyo y empatía hacia Irán, enfocándose en el diálogo y la desescalada pacífica del conflicto. Ha enfatizado su compromiso con la soberanía y seguridad de Irán y ha optado por mantener un perfil bajo en la región, limitando su intervención a medidas simbólicas y no directas.
En referencia al gran dilema del Indo-Pacifico, la posición de China es cada vez más relevante. En este gran dilema están involucrados, por un lado, el programa nuclear de Corea del Norte, país apoyado por China, la vieja rivalidad chino-japonesa con reclamaciones territoriales como las islas Senkaku, Diaoyu en China, la cuestión de Taiwan, declarada por Pekín como parte del territorio continental o la agresiva posición china en el Mar de China Meridional (MCM) con la adopción de una estrategia de militarización estableciendo bases militares en islas del MCM creando tensiones con la soberanía de una gran parte de países ribereños.
Por otro lado, se está gestando una arquitectura emergente de seguridad, ya más dentro del Pacífico, en la que se establecen alianzas como ANKUS (Australia, Reino Unido y Estados Unidos) o el renacimiento del QUAD (Australia, Estados Unidos, India y Japón), de tendencia estadounidense y occidental, frente a las inversiones chinas de la Franja y la Ruta (BRI) junto con la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) que la componen los 10 países de la ASEAN y 5 socios estratégicos como Australia, China, Japón, Corea del Sur y Nueva Zelanda, liderada por China. Es decir, la existencia en esta región de una estrategia diplomática de bloques.
En cuanto al cuarto gran dilema, el Ártico, la posición de China en este gran dilema geopolítico del Ártico, se caracteriza por su interés económico y su deseo de expandir su influencia en la región. Especialmente se postula como un actor clave en la Ruta de la Seda Polar, buscando participar en la gobernanza ártica y aprovechar las nuevas rutas comerciales y recursos energéticos que se están abriendo debido al cambio climático. A mayor abundamiento, China está invirtiendo en infraestructuras y proyectos mineros en la región lo que refuerza su papel como potencia marítima y su proyección internacional.
Aparte de su posición en los grandes dilemas geopolíticos indicados, China tiene una importante presencia tanto en Iberoamérica como en África. La presencia de China en Iberoamérica se extiende en múltiples niveles, desde lo económico y político hasta el ámbito académico, mediático y formación de líderes, redefiniendo el modo en que los gobiernos y sociedades iberoamericanas interactúan con Pekín. La presencia china en África se basa en tres pilares fundamentales: inversiones, infraestructura y comercio. China invierte grandes sumas de dinero en el desarrollo de países africanos, con el objetivo de fortalecer su presencia y garantizar el acceso a recursos y mercados.
En el actual panorama geopolítico que estamos viviendo, a comienzos de este año 2026, China se ha decantado ya claramente por ejercer su visión estratégica mundial tanto en los distintos grandes dilemas geopolíticos señalados como en Iberoamérica y África. De hecho, China pretende cambiar el actual orden internacional establecido por Estados Unidos después de la II GM, liderando el bloque de países autoritarios, para lo cual cuenta, fundamentalmente, con Rusia, frente al otro bloque de países democráticos bajo la dirección de Estados Unidos y la Unión Europea. De esta forma, se instauraría un modelo geopolítico bipolar dual.
Sin embargo, también cabe otro modelo geopolítico mundial, teniendo en cuenta la posición cuasi imperial que está adoptando Estados Unidos sin contar con Europa, incluso poniéndose enfrente, utilizando su concepción de alcanzar la paz a través de la fuerza, como lo ha hecho intentando ocupar Groenlandia, es decir, empleando la razón de la fuerza como poder estadounidense totalmente independiente violando el derecho internacional. En este caso, podíamos estar a las puertas de volver al modelo Yalta, en el que tres grandes potencias se reparten el mundo, el continente americano para Estados Unidos, los territorios de Asia Central y algún territorio europeo para Rusia y el Este y el Sudeste de Asia para China.
Autor: Jesús Argumosa Pila, General de División, Vicepresidente 2º de la Asociación Española de Militares Escritores (AEME) y Director de la Cátedra de Estudios Estratégicos del Instituto Europeo de Estudios Internacionales (IEEI)
[1] Se entiende como gran dilema geopolítico a “una potencial situación de conflicto una zona o área estratégica regional, cuya solución o destino definitivo tiene una fuerte repercusión en la arquitectura de seguridad internacional, capaz de influir poderosamente en la nueva era geopolítica que se anuncia”