España honra la tradición, 4ª del mundo en hombres y 5ª del mundo en mujeres

Irene Sánchez-Escribano en Laredo corrió los 10 km en 31:35, segunda mejor marca española de la historia

El equipo nacional brilla en el Mundial de campo a través: los hombres cuartos, las mujeres quintas, y Thierry Ndikumwenayo noveno ante algunos de los mejores especialistas de la historia.   Una meteorología más cercana al epílogo que al prólogo de la primavera -termómetro a escasos grados de los 30 a mitad de la mañana y viento inexistente- envolvió la 45ª edición del evento que rinde tributo a la manifestación más ancestral del atletismo: el Campeonato del Mundo de Campo a Través. Avanzar en plena naturaleza, cambiar el ritmo en función del terreno y no del crono, empujar el suelo sin la certidumbre que regala el sintético. Bien es cierto que hubo algunos artificios en el céntrico Parque de la Amistad de Belgrado, que presentaba para la ocasión un circuito eminentemente plano, de hierba baja (la inmensa mayoría de los participantes apostó por clavos de corta longitud), salpimentado por un par de puentes, algún arenero, un giro de 180 grados que obligaba a redireccionar la marcha de forma abrupta, un tramo de barro conseguido a base de manguera y una zona de alpacas de paja en la que los atletas debían decidir si apostar por el trecho más recto y exigente (saltar) o por el más largo y liviano para los tendones (zigzagear).

La banda de Thierry

Había estado entrenando en Etiopía. Buscando las bondades de la altitud, afinando aún más su escueta anatomía. Así que no se sintió extraño Thierry Ndikumwenayo cuando escuchó el tañir de la campana en el kilómetro 8 (a dos del final), rodeado de ilustres de aquel país, y de Kenia, y de Uganda… de los mejores, entre los que se encuentra por derecho propio el mejor de los nuestros, el discípulo de Pepe Ortuño.  Se descolgó del grupo de los elegidos cuando Jacob Kiplimo (28:09 invirtió el conquistar los 10 km) no pudo contener sus ansias de revalidar el título y lanzó un ataque asesino y largo que puso el top 10 en fila de a uno. Aregawi, Kiplangat, Cheptegei… y en esa primera línea de fuego, 9º (mejor puesto de un español desde el 6º del mito Alejandro Gómez en 1989), Thierry, el primero de una España Atletismo (y de Europa) agigantada que ocuparía la cuarta plaza por equipos. Porque detrás de él arribó el hombre que no conoce el miedo, que ya fue 22º en Bathurst 2023, pero cuyas ganas de asaltar el status quo y no poner palos en las ruedas de su don, le llevaron a disfrutar la carrera en cabeza durante buena parte de la misma y, tras ese lujo, supo mitigar el dolor y acabar 17º (segundo europeo); de escándalo la performance de Aarón Las Heras, uno de esos atletas que crean afición. Uno de esos atletas imprescindibles. Tras él, más titanes: Fernando Carro (34º) regresando a un escenario que conoció como júnior en un Eurocross y del que guardaba fresca memoria, como la de sus piernas cuando huelen que algo importante se está cociendo y son requeridas para revolucionarse sin desfallecer. Es obstaculista, es rutero, es crossman… Es esa clase de tipos en quien confiar. ¿Y qué decir de Miguel Baidal? 39º en su primer Mundial; eso no lo hace cualquiera. Más atrás entró Nassim Hassaous (61º), el último eslabón de una férrea cadena de hombres, hijos todos del cross, que sacaron el orgullo por una especialidad en entredicho ante el imparable auge de la ruta, que gritaron fuerte que no hay por qué elegir, que se pueden gozar ambas, y que si alguien pensaba que en España habíamos abandonado la ambición por seguir honrando el atletismo más libre e impredecible… estaba equivocado. ¡Cuartos! Como en otras nueve ocasiones (1981, 1992, 1993, 1994, 1996, 1999, 2000, 2001 y 2003. ¿Por qué pensar que es una quimera volver a nuestra mejor prestación, a las tercera plaza de 1990, 1991 y 1995?

Las cuatro de Belgrado

Son historia del cross español. Carolina Robles, Irene Sánchez-Escribano, Majida Maayouf e Isabel Barreiro. Quintas en un Mundial de cross. En 2024 (saben leer entre líneas, seguro). Una actuación para enmarcar en una cita con nivel por encima de las nubes. Carolina es la mejor fondista española del momento, no puede haber debate. Campeona de España de campo a través, campeona de España de 10.000 metros y líder del equipo en Belgrado con una excepcional 24ª plaza (tercera europea). Un suspiro detrás cruzó la meta su compañera de entrenamiento Irene Sánchez-Escribano, quien ratificó su sensacional estado de forma (En Laredo corrió los 10 km en 31:35, segunda mejor marca española de la historia) con un puesto 26 (cuarta entre las del Viejo Continente) que mejora en cuatro su resultado de 2023. Tras las pupilas de Antonio Serrano, 37ª, la plusmarquista nacional de maratón Majida Maayouf (con plaza confirmada para el maratón de los Juegos de París) y cerrando la 38º Isabel Barreiro, una mujer que se come el futuro cada vez que se prende un dorsal.

Juntas conformaban una de las escuadras más sólidas que España Atletismo haya presentado en esta competición. Y cumplieron de manera sobresaliente, tanto que durante algunas fases de la prueba fantaseamos con la cuarta plaza (nuestro tope), como en Marrakech 1998, Lausana 2003, Mombasa 2007 y Amman 2009. No pudo ser, pero sí la quinta (sólo la habíamos alcanzado en Budapest 1994 y Vilamoura 2000). Veníamos de ser novenas el curso anterior, así que la actuación de las cuatro de Belgrado deja patente que se puede seguir soñando con hacer cosas enormes en una disciplina que ha sido (¿puede haber mejor homenaje que esta actuación para la añorada reina Carmen Valero?), es y será básica para el desarrollo de nuestro deporte. Por muy difícil que lo pongan las grandes…. … Porque lo de Kenia fue un abuso. Cinco de las seis del equipo en cabeza, escapadas durante más de la mitad de la prueba. Oro para el grupo, como el año pasado. Y oro para Beatrice Chebet (31:05 tardó en devorar los 10 kilómetros), como el año pasado. La vida sigue igual para las mujeres de rojo, negro y verde.

Lección de aprendizaje

Las chicas de la categoría sub 20 fueron las más madrugadoras en testar la escena. En cabeza no demasiadas sorpresas; mucho Etíopia, mucho Kenia y algo de Uganda. África, cuando se trata de cross, acostumbra a no dejar ni las migajas. Sin excepciones en ninguna categoría. Marta Alemayo (19:28 en los 6 km) lideró el triplete de las herederas de Tutulu, Dibaba y compañía (6 entre las 9 primeras, arrasaron en la clasificación por equipos y reeditaron el oro de 2023). España Atletismo formaba con cuatro fondistas de 2006 inéditas en la competición. Un debut presidido por el conservadurismo colectivo, la táctica que parecía más lógica viendo el salvaje nivel de la start list. La que mejor supo ejecutar el plan fue la gallega Enma Méndez (48ª), quien pasó última de las nuestras en la vuelta inaugural y ya era primera en la siguiente. La discípula de Javier Piñeiro, tercera en el Nacional de Getafe a finales de enero, superó a la madrileña Daniela Rubio (64ª), entrenada por uno de los mejores especialistas nacionales en 10.000 metros, Jesús Ramos. Tras ellas, 68ª, arribó la burgalesa Inés Herault, que trató de defenderse en un circuito no demasiado apto a sus excepcionales condiciones para el trail (subcampeona mundial el curso pasado). Cerró el equipo, que clasificó 13º, la catalana Marwa El Khouya (74ª).

Una actuación global discreta que conviene valorar en términos de futuro, poniendo el énfasis en la valentía de presentar un plantel en una cita esquinada por la mayor parte de las potencias europeas (sólo Gran Bretaña, Francia y España presentaron equipos) ante la complejidad de conquistar puestos de relevancia. Las nuestras estuvieron ahí, forjándose, tomándole el pulso al nivel de locura del campo a través. Y eso es el primer paso.

Un octavo que sabe a gloria

La película en la versión masculina de los menores fue prácticamente un plagio. Etiopía, Kenia, Uganda. Los amos, los imbatibles, crecidos en una disciplina donde el talento engulle cualquier otra capacidad. Tras ellos el vacío. Y un poco más allá la lucha entre los que no parecen nacidos fuera de este planeta. En ese espacio se movieron nuestros muchachos (todos primerizos en el Mundial), de manera compacta, progresando a cada metro, haciendo de la unión fuerza y logrando el octavo puesto (mismo que en 2023), en la pugna por equipos; primer país europeo, que no es ninguna broma viendo cómo está el percal. Fue Mesfin Escamilla (uno de los cinco atletas de los 19 de la expedición española entrenados por Antonio Serrano) quien arribó antes (32º, tercer europeo).

Los demás se desenvolvieron de la siguiente manera: Óscar Gaitán (33º), Unai Naranjo (36º), Gonçalo José Sousa (54º), Carlos Zárate (67º) y Andrés Lara (80º). Mérito reseñable el del cierre del equipo, un madrileño que hasta hace dos telediarios compaginaba el baloncesto con un día a la semana de atletismo (en formato de mera actividad extraescolar) y que tras incorporarse al grupo de Luis Miguel Martín Berlanas y Juan del Campo está experimentado una progresión más que interesante (fue tercero en el Campeonato de España tras Escamilla y Gaitán). Ahí hay un corredor de fondo.
En lo que respecta a la nobleza, triunfó el keniano Samuel Kibathi (22:40 en 8 km) en un sprint cardiaco resuelto casi bajo el arco de meta ante el etíope Mezgebu Sime, poniendo la primera piedra para el título por equipos de Kenia (que repite el éxito del curso pasado).

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