Tras la misión Apolo 17, la primera que incluyó un geólogo entre su personal de a bordo, Estados Unidos volvió a poner en marcha su programa de regalos de material lunar que incluía un único fragmento de roca (del tamaño de una aceituna), embutido en una esfera de plástico. El formato de estos regalos era diferente a los correspondientes a la misión Apolo 11: La roca se situaba en la parte superior de una placa de madera y bajo ella se montó una chapa donde podía leerse: ‘Este fragmento es una porción de una roca del Valle de la Luna Taurus Littrow. Se entrega como símbolo de la unidad del esfuerzo humano y lleva consigo la esperanza del pueblo estadounidense de un mundo en paz. Bajo esta chapa se fijó también una bandera de España de la época, con una leyenda grabada en metal que decía: Esta bandera de su nación fue llevada a la Luna a bordo de la nave espacial América durante la misión Apolo XVII, del 7 al 19 de diciembre de 1972. Presentada al pueblo del estado español por el pueblo de los Estados Unidos de América. Richard Nixon, 1973’”.

Así nos cuenta Rafael Lozano, científico del Museo Geominero, el origen de este objeto conmemorativo único que ahora llega al Museo Geominero, gracias a la donación que el Vicealmirante Luis Carrero-Blanco Pichot, hizo del ejemplar al Museo Naval de Madrid en 2007, debido a su estrecha colaboración con esta institución. Su padre, el Almirante Luis Carrero Blanco, en su papel de Jefe del Gobierno había recepcionado en 1973 este obsequio de manos de su homólogo estadounidense, Henry Kissinger.

El material lunar que se muestra estos días en el Museo Geominero es una roca volcánica conocida como basalto 70017, recogida en el valle lunar Taurus Littrow durante la misión Apolo 17. Desde el punto de vista petrológico se trata de un basalto de grano grueso rico en titanio, compuesto por piroxeno, plagioclasa, ilmenita y olivino, con una edad de 3.700 millones de años.

Como nos aclara Lozano: “En algunas publicaciones se confunde este basalto lunar con la armalcolita. La armalcolita no es una roca, sino un mineral que forma parte de las rocas. Este mineral (óxido de titanio con hierro y magnesio) se encontró por primera vez en la misión Apolo 11, de ahí su denominación que es un acrónimo de los nombres de los tres astronautas de esta misión (Armstrong + Aldrin + Collins).

El mineral se encontraba dentro de las rocas basálticas lunares recogidas en la Apolo 11 y después se reconoció también en el basalto 70017, recogido en la misión Apolo 17. Por ello, es posible que el basalto lunar que se expone en el Museo Geominero contenga este raro mineral, aunque nunca podremos saberlo con seguridad dada la imposibilidad de reconocer petrológicamente el fragmento, al estar embutido en una resina plástica”.

En 2011 la NASA obsequió a España con otro fragmento de roca lunar, en esta ocasión recogida en la misión Apolo XV en 1971, en reconocimiento a la colaboración española en la llegada del hombre a la Luna, concretamente, el complejo de antenas de Robledo de Chavela (Madrid). Desde entonces, el ejemplar se encuentra expuesto en el Centro de Visitantes de la Estación Espacial de Robledo de Chavela (INTA). “Efectivamente, España participó activamente en la carrera espacial, de hecho, las antenas de Robledo de Chavela resultaron imprescindibles en todas las misiones americanas en la Luna. Pero la colaboración española no sólo consistió en el sistema de telecomunicación, sino que tuvo un componente puramente científico desde el punto de vista de la geoquímica de las rocas lunares”, señala Lozano.

Dos científicos de la Junta de Energía Nuclear (hoy CIEMAT) fueron elegidos para colaborar en el estudio de materiales lunares, los geoquímicos Hermógenes Guillermo Sanz y Antonio Travesí, que desarrollaron tareas científicas punteras a finales de los 60 y principios de los 70 del pasado siglo, tanto en España como en Estado Unidos. Hermógenes viajó a Estados Unidos en 1966 (Division of Geological and Planetary Sciences, CALTECH; Pasadena) con el objetivo de formarse en geoquímica isotópica para poder obtener la edad de conocidos meteoritos españoles como el de Olivenza (Badajoz) o Colomera (Granada). Para estas investigaciones utilizó los espectrómetros de estos laboratorios americanos, especialmente diseñados para el estudio de las piedras lunares que llegarían de manera inminente. Cuando llegaron las primeras muestras lunares se dedicó a su estudio, teniendo el privilegio de manipular un material que nunca antes había sido procesado por el hombre. Un año después, en 1970, publicó junto a un equipo de investigadores las características petrológicas y la edad de estas rocas (3650 millones de años) en la prestigiosa revista Science.

Antonio Travesí colaboró con la NASA para el análisis de muestras lunares, gracias a su experiencia en una técnica analítica novedosa en la época: la activación neutrónica. En 1969 Travesí propuso a la NASA el estudio de los elementos traza (elementos químicos en pequeña proporción) de las rocas lunares obtenidas en la misión Apolo 11. Dada la novedad y precisión de la técnica, algún tiempo después la NASA aprobó el proyecto y envió dos gramos de material lunar a España, obtenidas en la misión Apolo 11 y 12. Las muestras (1 gramo de polvo lunar y 1 gramo de roca lunar) llegaron a España el 28 de mayo de 1970 con una enorme repercusión mediática (más de 120 artículos periodísticos publicados en 1970). Antonio Travesí publico los resultados de sus análisis en el material lunar en 1972, tanto en informes destinados a la NASA como en publicaciones nacionales e internacionales

Recientemente el Museo Geominero ha recibido la donación de toda la documentación original de este proceso, de la mano del propio Antonio Travesí. De este modo, el Instituto Geológico y Minero de España conserva documentos tan trascendentales como el telegrama que recibió el investigador desde la NASA, los esquemas originales de ubicación de las muestras, el propio proyecto de investigación, así como el dossier de prensa realizado por la Junta de Energía Nuclear, fotografías, carteles y otros documentos relacionados. En el telegrama puede leerse: “Tenemos el material lunar listo para su entrega. Esta y todas las siguientes muestras se enviarán por correo diplomático a la Embajada de Estados Unidos en su país. Debe notificarle a esta embajada cuando las muestras estén en sus manos, a menos que escuche de usted lo contrario, supongo que debemos proceder con la entrega en esta manera. El embajador probablemente le pedirá su identificación. Daniel H. Anderson, Conservador de la NASA