Extracto de la Tesis Doctoral del arquitecto Javier Molina Sánchez, titulada «Patrimonio Industrial Hidráulico. Paisaje, Arquitectura y Construcción en las presas y centrales hidroeléctricas españolas del siglo XX». En el citado estudio, nos hacemos eco de la Central de Aguayo con el embalse de Alsa.  La tesis de Molina Sánchez se ocupa del estudio, desde un punto de vista arquitectónico, constructivo y paisajístico, de una serie de conjuntos de patrimonio industrial muy específicos: las presas y centrales hidroeléctricas construidas en España durante el siglo XX.

CENTRAL DE AGUAYO

Esta central está situada en Cantabria (fig. adjunta), en los términos municipales de San Miguel de Aguayo y Bárcena de Pie de Concha. En la zona ya existía un embalse, el de Alsa, que daba servicio a la central de Torina. El salto de Aguayo surge del plan de recrecimiento del antiguo embalse de Alsa en la cuenca del Besaya propuesto por la compañía concesionaria, Electra de Viesgo. La central reversible se construyó entre 1978 y 1982 y en ella, aparentemente, sólo intervino Juan José Elorza como diseñador en su calidad de Director de construcción de la compañía, en colaboración con el ingeniero Agustín Presmanes, Director Gerente de la Sociedad. No se trata de un excepcional edificio industrial, pero su fachada norte tiene ciertos rasgos distintivos interesantes. La estructura de los muros exteriores es de hormigón armado, y se ha realizado el encofrado con tablas de madera y mechinales. Pero las juntas de dilatación no son continuas ni están ordenadas. De hecho, el diseño parece hecho realmente aposta para que no eso sea así, y esto es porque la fachada representan una serie matemática con la que se modulan los paneles de hormigón. De esta manera lo que sería una fachada industrial plana y rígida, adquiere cierto movimiento. El aspecto final es curioso y atractivo, aunque no llega al nivel de excelencia de las centrales diseñadas por Castelao y Elorza. Aquí vemos un intento de generar, una idea, un leit motiv, como se había hecho en las demás centrales, pero sin mucho más recorrido. Por otro lado, se echa en falta el gusto por el diseño de los detalles: los espacios exteriores apenas están tratados, la escala del edificio no dialoga con la presa, torpemente recrecida, ni con el entorno, quedando éste empequeñecido frente a tamaña mole de hormigón. Tampoco es muy acertada la cubierta típicamente industrial de chapa plegada roja a dos aguas, que parece pesar más que el propio edificio y que se prolonga más allá del faldón plegándose para formar el alero.
De todas maneras hay algunos elementos interesantes, como los ventanales corridos de la fachada sur, la viga colgada de la fachada norte con forma curva, o la forma en que la central se adapta al terreno, con esas piezas prefabricadas de hormigón mostradas como escamas que se van deshaciendo para no llegar a tocar la montaña, formando una escalera perfectamente ordenada. En definitiva, esta central es interesante por tratarse de un diseño del ingeniero del tándem Castelao-Elorza y nos permite ver hasta qué punto la otra parte, el arquitecto se involucraba en estos proyectos industriales y qué sucede cuando ya no colabora en ellos, como se pierde en gran parte la singularidad que preside al resto de centrales.