«El instante es la continuidad en el tiempo. Une el tiempo pasado con el tiempo futuro», que así se expresase Aristóteles hace más de dos mil años, debe hacernos pensar por una parte la realidad de lo expresado. Y también en que tal vez, cuando ese instante ya es pasado, le estamos dando la importancia que tenía, en un tiempo diferente. En un tiempo pasado, pero no el presente que vivía en ese momento.

El hombre, la mujer, la sociedad actual, el mundo que nos rodea a quienes convivimos en era 5G, estamos de espaldas a nosotros mismos, al cultivo de nuestro propio ser.

La imagen sobre la que se plasma esta reflexión, es cotidiana, diaria, real, visitable, constatable, y con un matiz, con una pérdida. Los dos caminos no están unidos y lo estaban. Los caminos no confluyen, no convergen. Ambos nos llevan a la naturaleza infinita, que se pierde en el horizonte. Es un instante mágico.

El viandante que conoció el pasado, que convivió en la unión de ambos caminos con el reflejo azul de la sal más pura del universo, como es el mar, percibe la misma sensación que tuvo Aristóteles hace más de dos mil años. Se ha perdido el instante. Ya no está. Los tiempos hemos de unirlos nosotros en nosotros mismos, y sólo cuando hemos perdido ese instante, valoramos una pérdida irreparable.

Envueltos vivimos en uno de los lados, enfrascados en nuestro parte del camino, sorteando la forma y manera de mantenernos en pie, luchando contra viento y marea, para no caer en el precipicio. Además lo hacemos con una crueldad adornada, vestida e hipócrita.

No queremos ver el otro lado del camino. De un mundo que también existe, que trata de salir adelante, que desea vivir, que se conforma con el desayuno, el cantar de los pájaros o el buenos días del vecino que hoy se levantó con el pie izquierdo.

Debemos invertir tiempo en nosotros en mirarnos a un espejo neutro, en tener una visión imparcial. Eso nos debiera de ayudar a conocer que lo que no regresará jamás es el tiempo perdido. Ese instante que no supe valorar, me hubiera llenado la vida de felicidad. Me hubiera hecho pleno de alegría. ¿Valoré lo fácil? Era lo que tenía más a mano, era lo que hacía todo el mundo.

Ahí están los dos caminos con el mar al fondo que abre una tercera vía. Sea cual fuere mi objetivo, lo que debo asumir y aplicar es la valoración del momento, de las cosas más sencillas de un día de 24 horas. Por eso, sólo por eso, por no percibir lo que otros hasta escribieron hace más de dos mil años, he perdido el instante que unía los dos caminos.