El vicepresidente y consejero de Universidades, Igualdad, Cultura y Deporte, Pablo Zuloaga ha visitado la cueva de El Pendo donde, dentro del proyecto de campañas arqueológicas que organiza su departamento, se están realizando una serie de investigaciones dirigidas por Eduard Camarós, perteneciente al Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIPC) e investigador del programa ‘Juan de la Cierva’, centradas en la formación estratigráfica de la cavidad y datación de los restos óseos encontrados. Además de Camarós, han trabajado en este yacimiento Marián Cueto y Pablo Arias.

Zuloaga, que estaba acompañado por la directora general de Patrimonio Cultural y Memoria Histórica, Zoraida Hijosa, ha mostrado su apoyo a la labor realizada por este equipo de investigación, y ha querido subrayar que esta cavidad es uno de nuestros «grandes iconos» en arte prehistórico, como así se reconoció con la declaración de Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO en el 2008.

Ha remarcado la importancia de que la ciudadanía tanto de Cantabria como aquellos que vienen de otros lugares a visitar este patrimonio, conozcan que, tras la apertura de una cueva «hay mucho trabajo » de los especialistas y arqueólogos.

En lo que se refiere a El Pendo, ha explicado que es un yacimiento que nos permite ver toda la evolución humana, y gracias a estas campañas arqueológicas «la vamos descubriendo a través de este libro de historia que son los distintos estratos donde se descubre esa evolución a través de los objetos cotidianos, que van describiendo dicho proceso».

El vicepresidente ha recordado que su departamento destina 100.000 euros al año para el programa de actividades arqueológicas, que, aunque ha reconocido que es una cantidad insuficiente para el «amplio patrimonio que tenemos», sí ha resaltado que cada euro que se destina a este fin «nos permite conservarlo para que las generaciones futuras conozcan el valor artístico e histórico que tiene esta región dentro del entramado mundial que es el arte rupestre».

En este sentido se ha refirmado que se trata de un dinero «bien invertido» ya que ayuda a poner en valor la excelencia de los trabajos que llevan a cabo los investigadores no sólo de la Universidad de Cantabria, sino también de aquellos que proceden de otras universidades que eligen Cantabria como un espacio «idóneo» tanto para formase como para ampliar sus conocimientos.

Tres campañas arqueológicas en El Pendo

Por su parte, el director de estos trabajos Eduard Camaros, ha explicado que el objetivo de estas investigaciones es que se pueda comprender con mayor exactitud, el origen de nuestra especie, el desarrollo del cerebro humano y la evolución del pensamiento abstracto, además, se han estudiado las formas de vida del Homo sapiens durante el Paleolítico superior, y la del Homo neanderthalensis durante el paleolítico medio. En esta campaña han colaborado como voluntarios estudiantes de arqueología de varias universidades del país.

En cuanto a esta cavidad, los esfuerzos se han centrado en la conservación y preservación de la misma y, en especial, de su arte rupestre. Así, en 2017, Eudald Guillamet realizó trabajos de limpieza y conservación centrados en tareas de eliminación y matización de grafittis e incisiones.

Este año se ha iniciado el procedimiento para contratar los estudios centrados en determinar el tipo de iluminación que resulta más adecuada para la conservación de su arte parietal y en la conveniencia de implementar nuevas tecnologías desarrolladas en este campo.

Una ocupación de más de 85.000 años

La Cueva de El Pendo, además de la trascendencia propia del Friso de las Pinturas descubierto en 1997, constituye uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la Prehistoria a nivel internacional por las piezas que se hallan allí, al haber estado ocupada intensamente desde hace 85.000 años hasta la Edad del Bronce.

Además, la zona en la que se ubica la cueva es un espacio protegido que obtuvo en 2016 la declaración oficial como Área Natural de Especial Interés, como complemento a la figura de protección como Bien de Interés Cultural de la propia cavidad, lo que permite también asegurar la conservación de este entorno por su interés botánico, faunístico, ecológico, paisajístico y geológico.