La ciudad de Santander tiene en la dársena de Puerto Chico uno de los puntos más ilustrativos del turismo que se acerca a Santander desde distintos puntos de España y de otros países. Los barcos pesqueros, las embarcaciones deportivas, así como el empedrado original y su entorno forman un conjunto idílico, único y del que el santanderino luce todo el año y desde hace más de un siglo.

La candidata a la Alcaldía de Santander por el Partido Popular, Gema Igual lleva en su programa la realización de un proyecto de un millón y medio de euros y situará en el centro del Paseo de Puerto Chico un bisonte «como nuevo icono de la ciudad». Si bien este animal nunca ha formado parte de un lugar propio de las gentes del mar, con sus marineras y las sardinas, de los animales marinos y de todo lo relacionado con el mar, la candidata planea colocar un bisonte, o un búfalo, pero en todo caso nada relacionado con el mar.

Cuando presentó el proyecto junto con el resto del programa electoral manifestó al mismo que «si tengo que rectificar, rectifico«.

HISTORIA DE PUERTO CHICO

La Filmoteca Española en los documentales en blanco y negro recoge en un documental titulado ‘Estampas‘ y realizado por Información Cinematográfica Española en 1920 recoge imágenes de pescadores, de marineras, de las gentes del mar en Santander. No hay bisontes, ni búfalos, ni otro tipo de animales que no sean los relacionados con la pesca, como las sardinas.

El historiador santanderino, Rafael González Echagaray definía así Puerto Chico: «Puertochico era una dársena construida por la Unión Mercantil, casi cuadrada, abierta al sureste y con dos espigones de pocos metros que la medio cerraban. Ocupaban parte de lo que es hoy la Plaza de Matías Montero y el trozo actual de muelles y rampas junto al surtidor de gasolina».

José Gutiérrez Solana, en ‘La España negra’ (1920), escribía así de Puerto Chico:  «Desde los balcones de mi casa de vería una vista admirable: la terminación del muelle y la gran explanada de Puertochico; se veían entrar y salir los barcos y el ruido de las sirenas llegaba claro y quejumbroso, como si lo tuviera uno al lado. Se veía la enorme animación de Puertochico; las mujeres, con las piernas desnudas, abrumadas por el enorme peso de los capachos (carpanchos) llenos de plateadas sardinas, por cuyas rendijas iba escurriendo todavía agua y escamas que se las pegaban al pelo; otras iban cargadas con bonitos azulados y con reflejos metálicos, con las agallas todavía chorreando sangre, enormes y panzudos. Luego cruzaban marineros con trajes pintorescos, las boinas, sus vestiduras de hule y sus enormes botas con suela de madera, que metían mucho ruido en el empedrado, llevando a cuestas las redes llenas de plomos, corchos y los remos de las traineras«.

Las imágenes en blanco y negro corresponden al documental ‘Estampas‘.